El juez Calatayud, un ejemplo de justicia

 

Emilio CalatayudEl juez Emilio Calatayud Pérez es toda una eminencia y sus medidas educativas han bajado el índice de la delincuencia a lo largo de su carrera. Para este magistrado de menores, la sentencia más ejemplar “es la que nos da el día a día”, y no se cansa de pretender la posibilidad de cambio del ser humano.

El juez de menores más famoso de este país también fue un joven difícil. Quizá por ello Emilio Calatayud sabe mejor que nadie cómo sacar al menor de la delincuencia. Los delitos se pagan sirviendo a la sociedad. Sus sentencias educativas han bajado la delincuencia en Granada. Son ya 29 años de toga y 21 entregado al Juzgado de Menores de Granada. Y desde los centros de internamiento, muchos jóvenes le piden por carta su intercesión.

Sus más de 10.000 sumarios resueltos son todo un aval. A Emilio Calatayud no se le caen los anillos cuando increpa a la Fiscalía para que actúe con más contundencia en los casos de menores. Así lo manifestó: “La mayoría de las veces todo está en manos de la Fiscalía. Estamos viviendo en una crisis continua de valores y la televisión está haciendo mucho daño. Para conseguir audiencia se están lesionando los derechos del menor. Y ahí se encuentran los fiscales que deben velar por los intereses de estos menores y ser contundentes con series y programas donde se genera violencia”.

Pone ejemplos con nombre y apellidos: “Series como Física y Química, de Antena 3, son un auténtico atentado a los intereses de los menores. Aquí se están lanzando mensajes peligrosísimos, les están imponiendo a los menores cosas que no son. Alteran la percepción de la realidad y siembran violencia”.

Calatayud es el juez de las sentencias ejemplares, el mismo que sentó a un raterillo en un pupitre hasta que aprendió a leer. Siempre sorprendente con su sentido común e imaginación. A un pirata cibernético que desde Madrid entró en el ordenador de varias empresas granadinas y provocó daños de unos 2.000 euros, el magistrado condenó a impartir 100 horas de clases a estudiantes de informática.

Dice que casi el 80% de los chavales que pasan por su Juzgado aprovechan la oportunidad de toparse con un juez como él y dan para siempre –o casi– esquinazo al delito. Desde hace tiempo no le ha negado esa segunda oportunidad que puede cambiar la vida a gente abocada a ser carne de presidio. “Si reconsideráis lo que habéis hecho”, llegó a decir en una ocasión a un grupo de jóvenes que asaltaron una casa de veraneo como gamberrada, “lo peor que os puede pasar es llegar a juez de menores”. Como él.

Su nombre resuena en los periódicos a golpe de sentencia ejemplar, y en muchas casas de Granada se ha ganado el sobrenombre respetuoso de “el padrazo”. En las fiestas del Corpus, unas letrillas populares (carocas) le retrataron ya hace años así: “Calatayud, juez prudente / hombre cabal y complejo / que redime al delincuente / e instruye al analfabeto / vaya un ejemplo excelente”. El Juez dice: “Tengo la suerte de que hasta los que condeno se van contentos”. En la Justicia que él imparte no cabe la venganza. Tampoco la condescendencia sin más. “El que la hace la paga, está claro, pero ahí no nos podemos quedar… Yo estudio mucho qué es lo que ha llevado a un chaval a ser delincuente”.

“Todas nuestras sentencias son educativas… También cuando condeno a internamiento, incluyo medidas tendentes a que el joven pueda en un futuro reintegrarse en la sociedad. O integrarse, porque quizás nunca tuvo esa oportunidad… De lo que se trata siempre es de saber si lo que queremos es sólo castigar o también reinsertar”. Está convencido de que con su apuesta por la filosofía reinsertadora y educativa de la Ley del Menor todos ganamos.

Y en el pueblo de Darro, por ejemplo, un policía local ha tenido como compañero de patrulla a un menor detenido reiteradamente por conducción temeraria y sin permiso de circulación. Calatayud le condenó a 100 horas de servicio a la comunidad, además de prohibirle conducir ningún vehículo en seis meses. “Se está mejor en el otro bando”, ha llegado a admitir el chaval

La sensación personal de Calatayud es “la de haber salvado a muchos”. “el 90% de los chavales que hemos condenado a sacarse el graduado escolar lo han aprobado” y “chavales detenidos por conducir borrachos que envié a atender a tetrapléjicos del hospital de Granada, se quedaron de voluntarios para, por ejemplo, acompañar a los paralíticos cuando los llevan a la playa”. Él dice que sólo un 10% de los que llegan a sus manos son ya carne de cañón”.

Ha convertido sus sentencias en auténticas lecciones de vida (a un pirómano lo pone a repoblar bosques o a un joven agresivo a atender a los inmigrantes que llegan en patera), reconoce que ser buen padre puede ser mucho más difícil que magistrado. “Antes la paternidad era mucho más fácil que ahora… Mi fórmula: yo creo que los padres no tenemos que ser los colegas de nuestros hijos. Los padres somos sus padres, y así tenemos que educarlos”.

Muchas madres de Granada le llaman el Padrazo. “Tengo a ocho en el Ejército, y varios a los que hicimos que se sacaran el título de vigilante de seguridad ahora trabajan como guardas jurados… Hace poco me visitó uno de los militares. Le había juzgado por un robo y le suspendí la ejecución del fallo si aprobaba su incorporación al Ejército. Vino a enseñarme el Seat Ibiza rojo que se ha comprado con sus primeros sueldos de militar profesional…”.

Cada año el juez incorpora nuevas medidas a su cada vez más amplio recetario de sentencias ejemplarizantes. La asociación Ímeris, especializada en la intervención con menores en riesgo social, es su fiel aliada en la aplicación y seguimiento tanto de tareas educativas como servicios en beneficio de la comunidad. En la memoria de actividades del año 2003 se reflejan recogidas de juguetes y alimentos, animación hospitalaria con jóvenes que hacen de payasos para los enfermos, limpieza del botellón, repoblación forestal, rehabilitación y pintado de parroquias, acompañamientos a personas disminuidas físicas…

En este 2004, gracias a un convenio de cooperación con la Cruz Roja, el juez también mandó a sus pupilos a echar una mano a los inmigrantes de las pateras. La idea le surgió tras un juicio por robo contra un menor magrebí sin papeles, y posteriormente la maduró hasta dotarla de connotaciones sociales. Se trata de chavales condenados a ejercitar la solidaridad con el semejante por robar y agredir a muchachos de sus edades. Un monitor contabiliza las horas de trabajo (cada uno deberá dedicar 100), que empiezan a contar en el momento en que la embarcación aparece en la orilla.

A veces ocurre el milagro de la redención. Es lo que dice, y quiere creer, el juez Calatayud. Su fórmula: justicia y sentido común. Si maltratas a un sin techo, repartirás comida entre indigentes; si pegas a otro chaval porque te miró mal, limpiarás cristaleras de edificios públicos para que sepas de verdad lo que es que te miren mal; si te gusta prender fuego, te irás de turno con los bomberos…

“Te condeno a dibujar un cómic”

El error de Enrique fue conducir su ciclomotor sin el seguro obligatorio por las calles de Granada. Ocurrió en agosto de 2002. Apenas un año después, el joven aceptaba la sentencia del juez Emilio Calatayud: dedicar 50 horas de trabajo a contar en viñetas, su gran pasión, la historia de los hechos y realizar un par de visitas a la planta de traumatología del hospital de Granada. El juez no sólo pretendió que el adolescente demostrara sus dotes creativas. También, que “reflexionara sobre la barbaridad que supone conducir sin seguro”. El resultado, satisfactorio para todos, fue un cómic de 15 folios. Y Andrés ya tiene seguro.

Caso Pozuelo: “No al botellón”

Después de 29 años portando toga, Emilio Calatayud es contundente al afirmar que “estamos viviendo en una sociedad muy violenta, pero también los medios de comunicación están mostrando más violencia de la que hay. Y eso es ya una agresión por sí misma”. Uno de los casos de máxima violencia fue el motín registrado en Pozuelo, en el que se vieron implicados varios menores de edad y cuyo origen parece estar en un intento de la autoridad de acabar con el botellón.

“Hay que acabar con el botellón. Los menores no pueden beber alcohol en ningún sitio y para los mayores están los bares, que es lo que se ha hecho toda la vida. Somos el primer país del mundo en bares y hay crisis. Tenemos que cuidar el sector. Y las tiendas de ‘chinos’ y ese tipo de negocios deben dedicarse a vender chuches. Así empezaríamos a atajar muchos males porque por algún sitio deberemos empezar, ¿no?”

Con humor recuerda que cuando tenía 13 años fue enviado por su padre al colegio malagueño de Campillos sobre el que recaía una  leyenda férrea de correccional. “También yo fui un rebelde”. Ojala y todos los jueces de este país tuvieran la misma coherencia y el mismo sentido común que Calatayud.

Aquí dejo una ponencia de este magistral juez de menores.

Lección Magistral (1):

Lección Magistral (2):

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3 comentarios

  1. A mí, en particular, el juez Calatayud me parece un ejemplo a seguir por muchos otros compañeros. Tiene una conciencia, de lo que se podría llamar en toda regla justicia social. Sus sentencias siempre las hace, pensando en la reinserción del menor, en la responsabilidad de los padres o tutores y en beneficio de la sociedad. He leído su último libro, que lo tengo dedicado, y he asistido a varias conferencias. Siempre me he preguntado, el por qué no actúan los demás jueces de menores de la misma forma.
    Roberto, tu artículo me parece extraordinario.
    Saludos.

  2. Es genial aunque parezca coloquial.

  3. Está lleno de sentido común.

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