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La crisis de valores de los jóvenes

 

15388723--300x180La reciente agresión sexual a una niña y la violación de otra por parte de varios chicos, algunos de ellos menores de edad, así como los episodios de agresión que estamos viviendo, han reavivado el debate sobre los valores de los jóvenes. Consumo de alcohol y de drogas, agresiones sexuales, indisciplina y violencia escolar, abandono prematuro de las aulas, rechazo de la inmigración y rebeldía sin freno hacia los padres… En definitiva, desorientación y desequilibrio entre la edad biológica y la psicosocial y comportamientos inadecuados o violentos.

¿Qué está pasando? Los padres se lamentan, pero conceden a sus hijos cuanto piden. No digo que sean los padres los únicos culpables del comportamiento de los jóvenes, pero si que tienen que mucho que ver. En cualquier caso, la pregunta es inevitable ¿Existe una crisis de valores en los jóvenes? La respuesta está en la propia realidad, Sí que hay una crisis de valores. La importancia de conceptos como la humildad, el respeto, la prudencia y el esfuerzo se están perdiendo y están siendo sustituidos por los perjuicios que originan la avaricia, la soberbia y el egoísmo.

He aquí algunos de los aspectos que describen la situación juvenil:

Síndrome de Peter Pan. El término Síndrome de Peter Pan ha sido aceptado en la psicología popular desde la publicación de un libro en 1983 titulado The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up (“El síndrome de Peter Pan, la persona que nunca crece”), escrito por el Dr. Dan Kiley. El síndrome de Peter Pan se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales, y por el acompañamiento de problemas sexuales. El riesgo de la eterna adolescencia.

Cabe preguntarnos ¿Están sobreprotegidos nuestros jóvenes? Sus comportamientos y actitudes contradictorias les llevan a los jóvenes a adelantarse en ciertos comportamientos de riesgo como el consumo de alcohol y otras drogas, así como conductas sexuales improcedentes y hasta delictivas. A lo que le lleva a no saber desplegar su personalidad saludablemente, lo que les deja anclados en una “adolescencia permanente”, que impide su proceso de maduración y condiciona su proyecto vital.

Conductas de riesgo. Las agresiones sexuales entre menores entre menores y a menores —las últimas a dos niñas en Baena y Huelva— hacen saltar todas las alarmas acerca del clima en que se educan los jóvenes. En el análisis de estos comportamientos y más allá del debate sobre la reforma de la Ley del Menor, el psicólogo y ex presidente de la Red Europea de Defensores del Menor, Javier Urra, asegura que vivimos en un clima pernicioso, sin valores, donde se trivializa la sexualidad y se fomenta tanto el placer como fin supremo de la vida, como la negación de todo principio religioso, político y social y también el relativismo, que mantiene que existen muchas verdades acerca de las cosas, al menos tantas como personas creen tener un conocimiento de ellas, y todo esto desde edades muy tempranas. Pese a que en general los padres se esfuerzan en hacerlo bien, falla la educación. Los chicos no saben dónde está el límite entre lo admisible y lo prohibido. Y es que los padres deben transmitir normas y principios de respeto al prójimo y cultivar la autoestima de sus hijos.

Beber hasta la embriaguez. El llamado “botellón” es uno de los riesgos que llevan a los jóvenes al consumo de las drogas. El salir con los amigos se ha convertido en un acto de consumo de alcohol sin precedentes, parece que no saben relacionarse socialmente de otra forma. Cada vez hay más menores en los botellones. Las cifras de las encuestas revelan que medio millón de adolescentes se dan atracones de alcohol cada fin de semana, la mayoría haciendo botellón, y que los jóvenes se emborrachan cada vez más. En los últimos diez años se ha duplicado el número de jóvenes que, por sistema, se embriagan los fines de semana. En muchos casos, los adolescentes apenas tienen 13 años y se atiborran de alcohol sin que sus padres lo sepan. Todo ello lleva a recordar que la familia y su estilo educativo son determinantes en la actitud de los jóvenes ante el alcohol y que es una actitud que no debe ser aceptada, ya que en la adolescencia no existe el consumo responsable de alcohol. Pero pocos padres aceptan el problema.

Drogas. En este periodo de la vida los efectos de las drogas, como los del alcohol (droga también) son devastadores, según el último informe del Observatorio Español sobre la Droga, es cada vez mayor el número de jóvenes que se convencen de que las drogas provocan serios efectos sobre la salud, pero este hecho se contradice con las tasas altísimas de consumo de todo tipo de drogas, pasando desde el alcohol, cannabis, anfetaminas, éxtasis y acabando en la cocaína.

Problemas en las aulas. La escuela es un reflejo de la falta de valores, aunque paradójicamente sea uno de los lugares idóneos, junto a la familia, para inculcarlos. Las consecuencias del “todo vale” se reflejan en que España es uno de los países de la Unión Europea (UE) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con mayores niveles de fracaso y abandono escolar prematuro. Tres de cada diez alumnos no termina sus estudios. Así, el porcentaje de alumnos que no siguen estudiando tras el periodo obligatorio de escolarización es del 31%, el doble de la media europea, y las cifras de fracaso son muy similares. Estos índices impiden a España cumplir los objetivos de la Declaración de Lisboa para 2010 que fijan en un 85% el índice de alumnos que deben conseguir el título de Secundaria posobligatoria (Bachillerato o Formación Profesional). Las cifras son particularmente pesimistas en materias tan básicas como matemáticas, ciencia o lectura y no mejoran en el caso de la enseñanza universitaria: entre las 200 mejores universidades del mundo sólo figura una española y en el puesto 186.

Causas y remedios. Ley del mínimo esfuerzo, la escasa relación de las familias con la escuela, el desprecio de la autoridad del profesor y las pésimas leyes educativas forman los factores del fracaso escolar. En el caso de los alumnos su esfuerzo es mínimo, porque mínima es la exigencia para pasar de curso. Además, los expertos atribuyen parte de culpa del fracaso a la obligatoriedad hasta los 16 años a que convivan en los centros niños con adolescentes y jóvenes (se puede permanecer en el sistema hasta los 18 años) que no quieren seguir estudiando y tienen el colegio como un lugar para pasar el rato, cuando no para molestar. 

Debe de haber una mayor exigencia y más conexión entre la escuela y los padres. También debe de haber mayor atención a los alumnos con mayores necesidades, haciendo hincapié en las asignaturas con peores resultados.

La falta de valores toma su evidencia en las agresiones entre los propios alumnos y las burlas y agresiones contra los profesores. Estas denigrantes prácticas se producen con mayor intensidad en la ESO, es decir, a partir de los 12 años.

No se pueden consentir de ninguna de las maneras amenazas como “si no me apruebas, te voy a rajar“ o “en la calle te espero con mis colegas”. Hay que aprobar una ley que reconozca la autoridad del profesor y la implicación de los padres son imprescindibles para acabar con el problema, y se tiene que sancionar duramente a los alumnos más conflictivos.

Crisis de identidad. La desorientación de los jóvenes conduce a la desconfianza, la depresión y la ausencia de valores así como al conformismo. Llama la atención la falta de referentes claros para los adolescentes, que ponen su mirada en el poder y el dinero que sus ídolos llegan a conseguir más que en los valores que puedan encerrar.

¿Y los valores de los padres? ¿Dónde han quedado los principios de los adultos, de los padres, de los supuestamente maduros? No quiero generalizar, pero no llego a comprender cómo es posible que una niña con una insuficiencia mental deambule por la playa de madrugada con permiso paterno (como he leído hace poco), o que una niña de cinco años vaya sola a la tienda de chuches, o que niños/as de entre 12 y 15 años tiren de móvil porque es la moda. Ni que decir tiene que la culpa del delito la tiene el asesino o violador, pero  ¿Y los padres que forman el colectivo de adultos? 

Se que es muy fácil culpar de todo al colegio, a Internet, a las leyes o a la tele, pero quizás habría que cambiar la frase de Kennedy para que quedara así: “No preguntes qué puede hacer el Estado o la autoridad por tus hijos, pregunta qué puedes hacer tú por ellos”.

Cuando hablo de culpar a alguien, es cierto que muchos medios tienen parte de culpa, los niños solos ante la telebasura de hoy, este tele que no tiene valores, que está llena de contenidos chismosos a cualquier hora –sin valores-, de programas en los que por dinero son capaces de vender al padre y luego a la madre, de realitys basura que su único entretenimiento que ofrece es ver un gallinero, llamémosles personas, que no hacen nada ni ofrecen nada, Series que no transmiten nada bueno, violencia y sexo en horario infantil o, como no, el ordenador, que a sustituido a la relación y a la convivencia familiar y no podemos olvidar a los niños colgados permanentemente del móvil y los padres no hacen absolutamente nada. Estos hechos y seguro que muchos más, trastoca seriamente los valores que deberían inspirar una educación responsable.

No nos extrañemos pues que de vez en cuando surjan hechos terribles protagonizados por niños. Vivimos en una sociedad “«anestesiada”. Una sociedad en la que todo vale y en la que se trivializan el sexo y las relaciones humanas, y en la que unos padres se llevan las manos a la cabeza cuando se enteran que su hijo de doce años ha violado a una niña. Unos padres que no son capaces de ver su gran responsabilidad en ese hecho. Vivimos inmersos en un auténtico relativismo moral.

Hablar de la educación en España consiste, desde hace mucho tiempo, en un rosario de lamentos, frustraciones y nostalgia por las oportunidades perdidas. No es cierto que el fracaso de la educación española haya venido motivado por los cambios de gobierno. El hecho cierto es que en el último cuarto de siglo en España sólo se ha aplicado de forma sistemática y continuada un único modelo educativo, el del PSOE, desarrollado en la LODE (1.985) la LOGSE (1.990) y la LOE (2.006). Esas tres leyes dictadas por gobiernos socialistas son las que han definido la educación española en los últimos años, sobre ellas se ha cimentado el fracaso actual. Cierto es que la Ley de Calidad de Educación que se aprobó durante el gobierno del Partido Popular pretendía un cambio de dirección, pero no es menos cierto que nunca llegó a entrar en vigor porque fue derogada con implacable urgencia por Rodríguez Zapatero en los primeros días de su gobierno.

No en vano las tasas de fracaso y abandono escolar españolas se corresponden casi directamente con nuestro índice de paro juvenil (36,9%), el más elevado de Europa y a muchísima distancia de la media de los 27 países de la Unión (19,5%). Si miramos a nuestras propias estadísticas comprobamos que la tasa de paro de aquellos jóvenes que no han completado la ESO alcanza un escalofriante 37%, frente al 13,8% de los que acreditan una formación universitaria. Esta íntima relación entre el nivel de formación de una persona y su empleabilidad, es uno de los argumentos añadidos por la crisis actual y sus dramáticas consecuencias sobre el empleo al objetivo irrenunciable de una educación de calidad.

La educación es también economía, es un activo de primera necesidad para un sistema productivo que pretenda competir con éxito en la economía global. Por ello una de las grandes reformas estructurales que necesita nuestra economía es, precisamente, la reforma educativa. A mayor formación, más igualdad de oportunidades, más integración social, más dinamismo económico y también más y mejor empleo.

Ningún plan educativo será eficaz si no implicamos en él a los dos pilares básicos de la formación de nuestros jóvenes: la familia y el profesorado. Tan malo es que la familia se desentienda de la educación de los hijos y de lo que sucede en los colegios como que los profesores se sientan desapoderados de autoridad en las clases e infravalorados. En el momento que falte alguno de estos dos pilares no lograremos avanzar. Tampoco lograremos avanzar si no recuperamos algunos elementos formativos abandonados en estos 25 años de “progresismo educativo”. La memoria, el fomento de la lectura y su comprensión son básicos en las primeras etapas de la educación como lo son la disciplina, la autoridad y el orden. Es imprescindible hacer cambios profundos en el Bachillerato, en la Formación Profesional y en la Universidad.

El debate está abierto desde hace mucho en la sociedad española. El Partido Popular siempre estará dispuesto a participar en un Pacto de Estado por la calidad de la educación, pero quienes liquidaron la Ley de Calidad de la Enseñanza, los mismos que han impuesto una asignatura de puro adoctrinamiento como la Educación para la Ciudadanía y son incapaces de garantizar la libertad lingüística, deben rectificar y sentirse responsables de su fracaso.

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2 comentarios

  1. Tengo 23 años y desde que pude comprender las cosas que dicen los adultos, he oído la tan conocida frase “la juventud está perdida”, si bien es cierto que que vivo en una país(Cuba)donde los jóvenes aún y por suerte no no hemos enviciado con las drogas, el alcohol, no nos maltratamos verbal ni físiocamente, amén de que en alguna acasión podamos tener algún malentendido, considero que desde hace muchísimo tiempo “los adultos del ayer” hablaban de los mismo, las drogas y el alcohol son un mal conocido de antaño.
    La humanidad lleva siglos hablando de los mismo, pero lo cierto es que las cosa solo cambian de generación, ” los jóvenes de ayer” son los que critican a “los jóvenes de hoy”, la verdad es que que el poblema existe y es milenario.
    Debemos prguntarnos si los métodos usados han tenido algún resultado, y reconocer que la familia tiene un palpel esencial en la formación juvenil, pero que parte del tiempo conviven estos con sus familiares, sé que tampoco debemos culpar a la escuela, al barrio donde se creció, o al gobierno por no imp0lementar a tiempo una política, o las fuerzas policiales por no impedir el tráfio de drogas, o al ser humano que vende bebidas alcohólicas para poder sibsistir.
    Hay un elemento clave, según mi opinión, que no debemos perder de vista, que hace el joven, será que no tiene decisión propia, o es incapaz de comprender que su actitud ante la vida no es la “ideal”, todos podemos djernos llevar por las modas, por la música del momento, la menera de comunicarnos, internos, esto forma parte de la juventud,l lo que no quiere decir que seamos totalmente inconcientes de no saber lo que estemos haciendo al robar, fumar, tomar, arremeter contra la vida de otra persona, la juventud no puede confundir como decimos en buen cubano “libertad con libertinaje”, no es lo mismo ir a fiestas, salir con los amigos,que estar violar a un niño o agrdir a la familia.
    No se trata de conocer que significa ser honestos, sinceros, dignos, humanos, solidarios, se trata de quién deseas ser en la vida, a veces la decicisión la debemos tomar nosostros mismos, exigimos confianza, pero en ocasiones no confiamos en nosostros mismos.
    El mundo puede estar patas arriba pero no podemos dejarnos llavar por la vorágine, tenemos que paranos en firme y sujetar coon fuerza las riendas de nuetras vidas.
    Tal vez no he sido clara en lo que he querido expresar, pero este es un tema que me da mucho sentimiento, ser joven para nada significa ser banal, debemos ser profundos en el pensar y aún más en nuestras decisiones porque vivimos en sociedad con otros seres humanos, si un mundo mejor es porsible pero debe salir de cada quien el levantarse todas las mañanas con los deseos de andar con la vida con la frente muy en alto y el alma transparente, y no amilanarnos porque alguien no crea en que podamos ser mejor personas, más que por la familia, por uno mismo.
    Ver a jóvenes que por su ídolo del momento son capaces de comenter barbaridades como la que escribe, es muy doloroso.
    Pero la verdad es no recibimos ayuda, la familia a veces(por no decir que son muchas)no funciona como debería, traer al mundo un bebé no es solo alimentarlo y vestirlo, más que eso es educarlo, tampoco ayuda la televisión, los vecinos no todos son de confiar, la escuela y el barrio puee que no sean seguros, el Estado no coopera, entonces cómo podemos resolver el conflicto, quines sino los más afectados, LOS JÓVENES.
    Podría decir más, espero que mis palabras le haga reflexionar un poco, a veces solo hay que cambiar el discurso.
    De Cuba YO…………Eglis

  2. estoy en 1 de secundaria tengo unas amigas muy buenas pero mis compañeros de aula son muy malcriados contestan hacen desorden , gritan y lo peor tienen la mente muy despierta es demasiado somos el peor salon por la culpa de ellos y si los corriges te agarran colera te gritan y amenazan y ia no se que hacer

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